Querida
hija:
Tu
padre es un policía. ¡Soy un policía!. Mi trabajo es muy
modesto, pues tu sabes que apenas me da para sobrevivir y medio
mantenernos, pero dentro de su humildad me ofrece muchas
satisfacciones.
¡Soy
el malo de la sociedad que tanto me necesita y tan mal me paga!,
pero créeme, me enorgullece servir a los demás y me siento
importante cuando salvo una vida, cuando protejo a un inocente o
cuando detengo a un criminal ¡...Estas son satisfacciones que en
otro trabajo no se tienen!.
Mi
profesión es verdaderamente ingrata; todos me arrojan piedras y me
insultan cuando cumplo con mi deber, porque todos quisieran que la
Ley se cumpliera para los demás y no en ellos. La gente me humilla
cuando me ofrece una dádiva para que deje de cumplir con mi deber, y
si la acepto me llaman deshonesto.
Debes saber que cuando salgo de casa no se si volveré a verte porque
mi trabajo es de riesgo constante, donde va de por medio la vida
misma. ¡Así es!. Tal vez tendré que morir defendiendo la vida y la
propiedad ajena, mientras tu me esperas para darme ese beso que a
diario me ofreces como bienvenida, y ante esa verdad sufro al pensar
que ya no nos volveremos a ver porque habré entregado mi vida por
esta sociedad que tanto me exige y que nada me da, pues ni siquiera
es capaz de pedir que se me otorgue un sueldo decoroso para que mis
hijos y los hijos de otros policías como tu padre puedan estudiar
una profesión que les brinde la oportunidad de ser diferentes a mi.
Si
a veces no te veo, es porqué en este ingrato pero emocionante
trabajo no tengo horario. ¡Si, es cierto!, trabajo doce horas, pero
sólo cuando se puede, pues a veces por las necesidades del servicio
tengo que doblar mi turno. Yo nunca me niego cuando se que otros me
necesitan para que cuide de su seguridad, porque es indiscutible, ya
que cuando la sociedad descansa o duerme, yo estoy de pié,
vigilando; cuando quisiera poder estar a tu lado, velando tu sueño,
viéndote crecer, sana, sonriente, pero me conformo con verte de vez
en cuando. De todas maneras siempre estoy pensando en ti y nunca te
olvido.
Cada
día me preparo para ser mejor policía para que tu te sientas
orgulloso de tu padre, y lucho junto con mis compañeros por ti, para
que puedas desarrollarte con seguridad y puedas caminar por las
calles y llegar a la escuela libre de sobresaltos y de miedo, porque
para eso estoy aquí y para eso soy policía.
¡No
importa que me ataquen y que la gente me condene por no dejarme
golpear o matar!. Tu sabes con que clase de gentes me enfrento
diariamente; drogadictos, borrachos, asesinos, influyentes amigos de
los jefes, todos ellos irrespetuosos, agresivos, ¡Y yo debo
tratarlos como si fuesen gentes decentes!.
En
verdad, esto y que el mundo no se de cuenta que yo también soy un
ser humano es lo que mas me hiere, pues me duelen los insultos y las
agresiones, ...¡y demonios! ¿Qué se creen que estoy obligado a
aguantar todo porque soy un policía olvidado de la mano de Dios?.
¡Perdón hija! No.. Dios no nos olvida... ni siquiera a nosotros..
aunque a veces escriba recto con esos renglones tan torcidos que los
hombres como yo no entendemos.
Quiero
que comprendas que soy policía y no puedo atenderte como te
mereces ni darte todo lo que necesitas; sólo puedo dejarte como
herencia mi honor, mi orgullo y mi dignidad de hombre decente que
quiere ser un ejemplo para ti.
...Te
quiere
Tu
padre.