ESPACIOS NATURALES

1. Parque Natural del Cañón del Río Lobos

2. Monumento Natural de La Fuentona  y el Espacio Natural del Sabinar de Calatañazor

3. Espacio Natural de Sierra de Urbión y Laguna Negra

4. Acebal  de Garagüeta

5. El Moncayo

6. Valonsadero

Parque Natural del Cañón del Río Lobos

Desde Burgos hasta Soria, en las sierras que separan las estribaciones de la Cordillera Ibérica y la Alta Meseta del Duero, una espectacular herida de 25 kilómetros rasga la paramera. Es el Cañón del Río Lobos, la garganta esculpida por formas y paredes de más de cien metros, y cuyas repisas y oquedades dan lugar a un afortunado ecosistema.

Declarado Parque Natural en 1985 -el primero en la comunidad castellano leonesa-, el desfiladero conforma un patrimonio de gran diversidad biológica. Su situación geográfica, unida a la variedad de ambientes, hace que confluyan en él especies de la flora y la fauna mediterránea y norteña, con más de un centenar de individuos nidificantes. En 1987 el flamante Parque obtenía otro título que vendría a confirmar su interés ecológico: el de Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA).

Considerado uno de los conjuntos paisajísticos más interesantes desde el punto de vista morfológico, en sus rocas tiene escritos cien millones de años de historia geológica, en tanto que un subsuelo inundado de acuíferos talla bellezas y misterios en estalactitas y estalagmitas. Simas, torcas y cuevas se asoman a la superficie, al tiempo que voces aficionadas al espeleobuceo lo describen como uno de los lugares más atractivos de Europa.

Por si fuera poco, memorias de monjes guerreros vigilan su entrada y anidan en su vientre, en el castillo de posible origen templario de Ucero y una ermita de románico tardío levantado en el corazón de la garganta.

El templo, que bajo el nombre de San Bartolomé encierra llamativas coincidencias geográficas, claves inieiáticas, símbolos numéricos, mandalas alquimistas, fascinaciones esotéricas ... destila una extraña densidad en medio de un enclave prodigioso, en el que parecen respirarse con inusual presencia las cosas del cielo y de la tierra.

Propuestas para ser nombradas LIC (Lugar de Interés Comunitario) por la Red Natura, las 9.580 hectáreas que conforman el Parque Natural son aportadas en distinta medida por el municipio burgalés de Hontoria del Pinar y los sorianos San Leonardo, Casarejos, Santa María de las Hoyas, Herrera de Soria, Nafría de Ucero y Ucero.

Todo ello en el epicentro de un universo en verde intenso, a caballo entre uno de los sabinares más extensos y mejor conservados del globo y la mayor mancha boscosa de la península que forma la Tierra de Pinares.

FAUNA

Además de ser el refugio de la mayor colonia de buitres leonados de la provincia, el Cañón alberga rapaces protegidas como el águila real, calzada y culebrera; así como halcones peregrinos, azores y cernícalos o nocturnas como el búho real y chico, la lechuza, el cárabo, el autillo y el mochuelo. Otras aves que viven en él son alimoches, garzas reales, alondras… Y en el reino de la tierra, los cielos y el agua, viven y se multiplican los corzos, jabalíes, conejos, ardillas, liebres, zorros, garduñas, comadrejas, tejones, nutrias, murciélagos, ranas, lagartijas, culebras, víboras hocicudas, truchas

Monumento Natural de La Fuentona

Cerca del pueblo de Muriel de la Fuente, entre los suelos rojos y el cielo nítido que cubre los sabinares, una surgencia en forma

de embudo deja el mundo subterráneo para ver nacer el Abión.

Monumento Natural y considerada uno de los parajes más bellos de la provincia, este Ojo de Mar no es sino uno de ramos manantiales en red que circulan bajo la tierra, y que decidió ver la luz para hacerse poza y después río.

Para llegar a ella, una pista parte desde el puente de la carretera de Muriel a la piscifactoría, convirtiéndose después en senda de ribera, paso de madera y sabina.

Al final, y como por sorpresa en medio de este paisaje imprevisible, la poza mana su hermosura kárstica. Es gélida, de aguas más que transparentes y, en los días claros, se inunda de luces refractadas y promesas para los espeleo-buceadores de todas las procedencias que buscan caminos de agua y roca a profundidades que llegan a los cincuenta metros.

Antes de ella, a la izquierda del camino, una cascada suma sus sonidos líquidos a los de alondras, mirlos y terreras. En sus paredones crían algunas parejas de buitres leonados y halcones.



Espacio Natural del Sabinar de Calatañazor

En los llanos de Calatañazor, un mundo centenario crece lento, antiguo y silente. Es allí, al pie de la hermosa villa medieval que recibe con calles empedradas y chimeneas redondas, donde el sabinar que baja de la sierra de Cabrejas encuentra su densidad más impresionante.

Incluido en la Red de Espacios Naturales de Castilla y León, este bosque acogedor y longevo contiene una de las escasas masas de sabinas albares (Juniperus thurifera), llegando algunos ejemplares a los catorce metros y cinco de perímetro.

Reliquia del Terciario, además de ser la muestra de sabinar más espeso del mundo (su densidad es normal para un encinar, pero excesiva para un sabinar tipo) se revela como un bosque invernal muy interesante para los aficionados a la ornitología.

Espacio Natural de Sierra de Urbión
y Laguna Negra

Urbión mira desde las cotas más altas la extensa mancha boscosa de la Soria más verde. Desde esta sierra que pronto será declarada Parque Natural por la Junta de Castilla y León, las tierras de Pinares y el Valle se prolongan por el noroeste provincial conformando una de las zonas más fértiles y amables de la geografía soriana. En ella se hayan representadas algunas de las especies más valiosas de la fauna regional, tales como lobos y gatos monteses, águilas reales y calzadas, buitres leonados, halcones, gavilanes, pitos y garzas reales, el escaso cangrejo autóctono...

Hecho de pinos albares y ocasionales hayedos, rebollares, quejigares, abedulares, acebales... además de la mancha más meridional de pino negro del mundo, en el Castillo de Vinuesa-, el corazón de Urbión repite el eco de un poemario. En las Tierras de Alvargonzález canta Machado un parricidio, mientras Gerardo Diego le sigue los pasos y los versos para subir hasta allí a soñar, y un mundo de leyenda se aferra al color oscuro de una laguna hermosa: no es sino aquí, en el epicentro de la montaña áspera que limita con La Rioja y Burgos, donde la Laguna Negra se oculta tras una morrena rodeada de sombras, belleza agreste y fantasías.

Desde ella, que será en breve declarada Monumento Natural y cuyo acceso más común es por el señorial pueblo de Vinuesa, es posible acercarse hasta otras de las lagunas que por aquí descansan: son la Helada, la Larga y la de Urbión, abierta entre los prados y las pedrizas de este mundo ancho y silente. Al final del ascenso, el Pico de Urbión, corona la provincia con sus 2.229 metros de altitud. Muy cerca, un Duero chico, recién venido al mundo, celebra entre los roquedos su estreno líquido.

Pero no sólo del nacimiento de un río viven las bellezas de Urbión: la sierra moldea lugares como Castroviejo -esa ciudad encantada asomándose al pinar-, el magnífico mirador de Cabeza Alta, ambos en Duruelo de la Sierra; el Pico del Muchachón y la Piedra Andadera de Covaleda;  el paraje del Amogable, con acceso desde la carretera que va a Molinos a Abejar y el Mojón Pardo... y un largo etcétera, repartido en cotas, sendas y rincones.

Y más allá, en las tierras del Valle, la sierra de Cebollera se entretiene en hayedos, serbales, pinos, avellanos, ciervos y berrea. En sus entrañas guarda un circo con corazón de laguna, desde donde una ascensión hasta un Pico de 2.142 metros de altura nos procurará panorámicas de viento y cumbre.

Desde las crestas sorianas, La Rioja se prolonga abajo, en cuerdas y valles que ya cuentan con la protección de Parque Natural. Más allá, la sierra se va con su camino de curvas hasta cumbres como Santocenarrio, el Castillo de Vinuesa, Pico Buey... y un cielo azul cobija promesas de travesías hacia Santa Inés, Urbión, la burgalesa Neila, mientras tritones y ranas de verde San Antón salpican los suelos, los caballos olfatean el mundo y la nieve y los deshielos dan paso a primaveras inundadas del color de la retama y las gencianas.

Acebal de Garagüeta

El acebo tiene nombre propio en Soria. También en España y probablemente en el continente. Se llama Garagüeta, una masa excepcional en la Europa meridional que ocupa casi 180hectáreas.

La acebeda cercana a los pueblos de Gallinero y Torrearévalo, en el término de Arévalo de la Sierra, es todo un triunfo de vecindad para una especie que suele aparecer aislada, conviviendo bajo la cubierta de robles, hayas u otros bosques.

Su rareza no reside en el tamaño de sus ejemplares -que no deja de ser importante tratándose de un arbusto que alcanza porte arbóreo- sino en la formación de la masa. Laberíntica, extraña y fascinante, forma refugios abovedados para cuervos, urracas, zorzales, tordos y corzos, que en los rigores del invierno encuentran cobijo y un menú de frutos rojos.

El Moncayo

Aunque en su vertiente castellana no lleva el apellido de Parque Natural, no podíamos dejar de lado esta mole imponente que vigila la Soria barbacana hacia Aragón, donde sí ostenta este título de la Red de Espacios.

Compartido entre ambas tierras, la piedra colosal que observa impasible los trigales de la meseta y la depresión del Ebro.

La parte soriana propone un camino de línea ascendente que parte desde Ágreda hasta Vozmediano -allí donde aflora el río Queiles a borbotones de mil quinientos litros de agua por segundo en su mismo nacimiento-, en un recorrido de pino, roble, hayedo y frescuras que conducirá hasta el Pico de San Miguel, a 2.300 metros de altitud. Es el techo de la provincia y de todo el Sistema Ibérico. El monte imponente, sagrado para los celtíberos, cuna mitológica de los romanos.

Valonsadero

El Pico Frentes vigila un robledal magnífico.

Al fondo, Cebollera y Urbión inclinan sus testas nevadas para hundirse en las vegas y las rocas. Nubes miopes vigilan la entraña de un monte célebre en la geografía soriana.

Su nombre es Valonsadero, está a ocho kilómetros escasos de la capital y se ha quedado impreso -como un calco repetido de orgullos compartidos- en la retina y las vanidades.

Porque el verde y el gris de esta dehesa inundada de rebollo y salpicada de álamos, vacas, vaguadas y cañadas, se ha pintado de costumbre y memorias colectivas. Entra dentro de la entraña y la patria chica, del Monte cercano que sanjuanea y marcea -el verano le trae fiestas y la primavera explosiones-, forma parte del corazoncito y el terruño...

A Valonsadero le cantan los sorianos y se les llena la piel de barrancos y peñas, mientras la dehesa capitalina se extiende en casi tres mil hectáreas de monte público. Cuatro rutas señalizadas, de cinco a ocho kilómetros de longitud, atraviesan a pie buena parte de esta geografía policroma y unida a la ciudad de Soria por carretera, caminos y carril-bici.

Un recorrido rupestre viene a completar tesoros en cuevas y abrigos. Hay rebollos centenarios, rocas, alamedas, setas, meriendas, sitios donde comer al aire y a la vista, porrones de cerveza, fiestas de San Juan con chiringuito y toros... la vida en fin, de un monte por antonomasia que sigue registrando, como un barómetro discreto, buena parte de la vida soriana.

   

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