EL RITO DEL PASO DEL FUEGO

Por ACUERDO 97/2005, de 25 de agosto, la Junta de Castilla y León declara como Bien de Interés Cultural las fiestas del «Paso del Fuego» y las «Móndidas», en San Pedro Manrique, como lugar de interés etnográfico, dentro de la categoría de Sitio Histórico.
En 2008, fueron declaradas de Interés Turístico Internacional, siendo las únicas fiestas populares de la provincia de Soria con tal distinción.
Si hay una noche mágica, ésa es la más corta del año. Era y es un momento pagano. El sol en lo más alto del cénit y una explosión hecha sol, tierra y fuego. Pura vida en ritos repetidos y antiguos.
Para todos los sampedranos, las fiestas de San Juan son un hito en el calendario. En pocos lugares del mundo pueden unirse los ritos ancestrales y la catarsis de unas fiestas bulliciosas con música, baile y participación.
San Pedro Manrique se reafirma cada año en su propia y única identidad.
Reviviendo el rito del Paso del Fuego se funde con la tradición de sus ancestros y sabe que la continuidad de sus costumbres constituye su mejor garantía de futuro.
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El lugar es el anfiteatro o plaza anexo a la ermita de la Virgen de la Peña. Precisamente muchos de los que pasarán el fuego lo hacen debido a promesas realizadas a esta imagen.
La noche del 23 de junio, la ermita de la Virgen de la Peña concentra ritual y adrenalina.
Antes de las doce, el público del graderío se prepara, ante el fuerte calor que despide la alfombra roja de ascuas de roble de siete pasos de larga, para asistir a una celebración ancestral que se ejecuta hacia poniente y que los expertos señalan como ritual iniciático o medio para lograr la inmortalidad a través de la hoguera purificadora. Los hijos de San Pedro traspasarán a medianoche las brasas encendidas, solos o con alguien a cuestas, como lo hacen cada año desde antiguo.
Al anochecer del día 23 de Junio, en la plaza ante la iglesia de la Virgen de la Peña, con el pueblo en la oscuridad. Se prepara una para mercada por el Ayuntamiento con más de 1000Kg de leña de roble. Antaño era tradición que la leña se trajera del cercano pueblo de Sarnago. Se ponen primero dos trozos gruesos de roble, paralelos, de bastante más de un metro de largo; luego otros dos descansando sobre los extremos de ellos, y después otros en la misma dirección que los primeros. Así forman un cubo con catorce o quince filas de maderos horizontales que medirán alrededor del metro y medio de altura.
Esta hoguera arde durante más de 4 horas hasta formar una alfombra de brasas de unos 3 m de longitud, algo más de 1 m de ancha y unos 20 cm de espesor que a las once la hoguera está hecha ascuas y que los sanpedranos atravesarán descalzos.
Los celadores del fuego usan una larga vara, el "horguinero", y haciendo silbar el aire golpean las ascuas hasta igualarlas. En el reloj las once y media de la noche. Repica la campana de la ermita con su alegría de bronce. Entran las móndidas , los pasadores y las autoridades en el recinto del Fuego.
Son las doce. Toque de clarín. Se hace silencio en la llanada de la ermita. Calla la campana. Ya no queda ni un tronco ni una llama, todo es brasa. Hecha la indicación se acerca el primer pasador.
Toma a una móndida sobre sus espaldas y pisa tres veces en la tierra. Tras un instante de excitación nerviosa el pasador se decide: sin prisa, pisando fuerte, en seis o siete zancadas pasa de un extremo a otro de las brasas. Hombre y fuego se hermanan. Estalla la emoción contenida, la gente aplaude y el pasador y la móndida se abrazan.
Así se repite el rito diez, quince y hasta treinta veces en estos últimos años. |
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El fuego lo pasan sólo los del pueblo. No porque ninguna ley, escrita o no, lo prohíba, ni tampoco porque a nadie se le impida el probar suerte sino porque no abundan los voluntarios foráneos.
Cuentan que hay que ser hijo del pueblo para no quemarse. “Los de fuera se queman”, suele ser la frase con que acaban todas las discusiones sobre el tema.
Aseguran que es la Virgen la que los protege. Algunos opinan que hay trance mágico, tensión y fuerza mental. Hay pasantes viejos que da gloria verlos, jóvenes que lloran de pura descarga, alguna mujer que rompe el predominio masculino… Prenden las emociones en el Paso del Fuego sampedrano. La noche es adrenalina y magia roja…
Un cura de antes de la guerra, quiso pasarlo para demostrar a sus fieles que no había milagro ni prodigio alguno en ello, sino truco que él había descubierto. Había que pisar, peroraba, de cierta manera que había aprendido de ver pasar a los demás, siendo tenido que llevar a escape al dispensario más próximo donde se le apreciaron quemaduras de tercer grado. Una mocita francesa, volvió sola al lugar de autos cuando ya todos habían marchado y trató de pasar la hoguera. A sus gritos de dolor regresaron los sampedranos que hubieron de facturarla a la capital hecha un Cristo.
También dicen que no puede pasar la hoguera un sampedrano si está enfermo o hace poco que lo estuvo.
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| Respecto a la "técnica", son legión quienes mantienen que basta con pisar fuerte y con los pies bien extendidos pues así, explican, se corta momentáneamente la combustión del cisco y la candente superficie no quema. Todo lo antedicho está bien y tiene incluso sus visos de autoridad científica, pero deja de convencer cuando se está a unos dos metros de la hoguera, más cerca no se aguanta, y se siente su más que sofocante calor. |

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LAS MÓNDIDAS
Las Móndidas, tres jóvenes solteras elegidas por sorteo el día 3 de Mayo, festividad de la Cruz, acompañan al Ayuntamiento y a los pasadores de hoguera en la noche de San Juan. Sin embargo es al día siguiente, en la mañana del 24, cuando alcanzan protagonismo. Actualmente, son las equivalentes a las reinas de las fiestas de otras localidades.
Vestidas de blanco y ataviadas con mantón de Manila y un lazo rosa de seda en la cintura, las Móndidas son acompañadas por la banda de música a casa del depositario donde cargan a la cabeza el cestaño. Este es un canastillo, adornado con rosas frescas, bordados y lazos de seda, que contiene dos roscos, tortas y largas varitas de harina y azafrán (arbujuelo).todos ello pintados en azafrán . También se colocarán unas piedras que le darán estabilidad, si bien harán subir su peso hasta los 15 kilos.
Seguidamente, y como colofón de la fiesta, las Móndidas recitan las cuartetas, unos versos de saludo, reflexión y esperanza, y bailan la jota con cada miembro del Ayuntamiento en explosión de alegría
Es entonces cuando las Móndidas recitan las cuartetas compuestas por algún amigo o conocido a veces, y otras por algún poetastro de la capital. Suelen tratar del recuerdo de la abolición del Tributo de las Cien Doncellas tras la derrota musulmana durante el reinado del rey astur Mauregato; tributo de las 100 doncellas que se entregaba a la morisma
Dicen también que no son sino la encarnación de las antiguas sacerdotisas celtíberas... Son algunas de las tesis, infinitas, que giran en torno a una fiesta antigua y espléndida en Tierras Altas.

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ORIGENES INCIERTOS
Sin duda fue Julio Caro Baroja el autor más importante que se ha ocupado del tema sampedrano, en sus últimos estudios da un carácter prehistórico al Paso del Fuego y otro romano a la tradición de las móndidas. Escribió lo siguiente: "He aquí pues, que la Fiesta de San Juan de San Pedro Manrique se aparta del canon general bastante. Consta con probabilidad, de una serie de rasgos y elementos antiquísimos, tal vez prehistóricos, como el de las pasadas por el fuego: de otros posiblemente clásicos, de bastantes medievales y de muchos modernos... ".
En opinión de los historiadores locales Iñiguez y Manrique el origen del rito es celtibérico, relacionado con las fiestas de Beltane y las de Samain. |
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